Mundo Ferroviario

Memorias de una Niña que Viajaba en Tren

Mundo Ferroviario

Por Rocio Olivarez

Argentina

Anita es una niña que vivía en William. C. Morris, su mamá la pasaba a buscar los viernes por la tarde para poder compartir el fin de semana en la casa de sus abuelos en una localidad de José Clemente Paz, Argentina. 

 

Mientras caminaban hacía la parada de colectivo, Ana y su hermano, se colocaban el guardapolvo blanco que les traía su mamá en una bolsita para así pagar boleto estudiantil. Ella, con sus rizos, sabía que su mamá les hacía hacer todo ese “teatro” para ahorrar pasaje.

 

Para su corta edad, comprendía muy bien los asuntos monetarios, en cambio su hermano, era más rebelde, sucedía entonces, explicarle que mamá reducía gastos. Refunfuñando, el pequeño entendía a la fuerza, a través de la lógica de su hermana lo que significaba ese disfraz.

Llegar a la estación de Morris era la locura para Ana, era como su montaña rusa. Subir los cinco escalones grandes y gruesos a toda velocidad para llegar arriba y quien llegaba primero a sentarse en esos fríos asientos de material verde bajo techo, donde seguramente había gente esperando, ese era el triunfador. Tan simple como la niñez.

 

El relieve del piso, los cuadraditos de las baldosas, los indicadores para el peatón-pasajero. El tener una línea que respetar, el megáfono que anunciaba demoras, eran felices junto con su mamá. Esperar y subirse al tren le daba su toque mágico. Como en Charlie y la fábrica de chocolates. La ilusión de esperanza que da un medio de transporte, en una criatura.

 

Una vez a bordo, entre el ruido de la locomotora, el silbato “del guardatrenes”, buscaban asiento libres de a cuatro, de esos que estaban enfrentados, eso lo era todo para ellos. Su hermano y ella, sentados mirando hacia adelante, como un indicador genuino que se lleva por dentro, que mirar hacia adelante en ese sentido siempre está lo bueno, la felicidad, el buen destino.

 

Cuando tenían que pasar por el acordeón de goma que se ubica a los laterales, a la pequeña Ana, eso no le producía miedo alguno. Vieron que algunas criaturas son más temerosas.

Ya que el tren a veces impacta, imagínense cruzar algo que se mueve y sentirlo en todo el cuerpo; la estabilidad.

 

Ana disfrutaba del viento sobre la marcha, de las estaciones como San Miguel donde el flujo de pasajeros es mucha. En cambio Muñiz, le daba aire a campo, esto debió haber ocurrido por la plaza a metros de la estación “Las Carretas”, donde los domingos en la tarde, la gente volvía de disfrutar las peñas y las ferias. Por eso era especial, subían pasajeros vestidos de gauchos y las señoras con sus trenzas, polleras largas y pañuelos.

 

El retorno desdibujaba la sonrisa, aunque esta niña tenía una delicada peculiaridad. Se sentaba siempre apuntando hacia adelante. Queriendo no regresar. Ese retroceso era imposible y el tren hacia el partido de Hurlingham era inminente.

 

Se volvía melancólico, dolía. Era un puñal en el corazón de una inocente. Muy a pesar de ese sentir tan profundo y doloroso como desprenderse de una madre, la bella Anita buscaba la forma de entretenerse y maravillarse, ¡y cómo lo lograba!

 

Cuando el ferrocarril salía desde José C. Paz, Ana le prestaba atención a lo que más llamaba a su vista. El enganche gigante que tenía la terminal, por ejemplo, el tornillo le salía decir. Le parecía extraño, grande y hasta revolucionario. Con qué fuerza preguntaba en su cabeza.

A medida que crecía, seguía usando el tren del Ramal San Martín. Maduraron sus emociones, pensamientos, el por qué solo vivía solo con su papá y hermano. Comprendió que para llegar a “ella” tenía que tomarse un colectivo y un tren. 

 

De adulta dejó de frecuentar el uso. La última vez lo usó una mañana para ir a una entrevista, y sin querer, la brisa de aquella mañana la colocó en la mirada observadora y plena de una niña con rulos y una mujer con el cabello igual. Le llamaba la atención como la nena se desprendía de su mamá para ir a pasitos más adelante si venía el tren.

 

Como sí la vida le quisiera decir o mejor dicho preguntarle algo. Porque lo sintió como esto último.

 

Aquella niña de rizos perfectos, regresó a los brazos de aquella mujer. Ana se quedó con los ojos brillosos y emocionantes de la criatura. Señalaba que el tren ya venía. De la estación de Bella Vista.

Contexto

Ana es una mujer de 30 años que vive en la localidad de William C Morris, partido de Hurlingham Gran Bs. As , Argentina. 

 

Tal como relata en su texto, es la mayor de 2 hermanos, hija de padres divorciados. Una mujer que recuerda con diferentes tintes emocionales y pensamientos, separación, soledad, y un puje terrible por encajar en la sociedad. No tuvo una infancia fácil, pues el no vivir con su madre lo naturalizó bien, pero le dejó huecos profundos a lo largo de su vida. 

 

En la actualidad, su relación con Susana es corta, distante y con reclamos de la vida misma. Por otro lado, su padre bien verraco de palo bueno, educó a esta niña y a su pequeño con los mejores recursos que disponía en aquel entonces.

 

Los niños frecuentaban a su mamá los fines de semana, pero no de manera regular.

Con la vida socio-económica que manejaba Susana, se hacía muy difícil sostener así sea dos días a sus hijos. De aquí el “teatro “ de colocarse el guardapolvo blanco para economizar hasta en un boleto de tren y colectivo.

 

Para Alfredo tampoco fue sencillo, pero aún cuando se complicaba lo laboral contaba con el respaldo de su madre Norma, abuela de los chicos.

Con ella no pasaban necesidad alguna. Cubiertos de cariño, amor, educación y sacrificio para darles una vida digna.

 

Actualmente el Tren Línea San Martín que tomaban los chicos con su madre, ha tenido mejoras, los años pasan. Pero están por debajo de los estándares que el pueblo local necesita.

 

Ejemplos contundentes como la precarización de los trenes y su tecnología, sumado a que es uno de los ramales más impuntuales con respecto a servicios y demoras. Este va de Pilar a Retiro, donde estaciones como Sol y Verde es muy necesario que el Tren llegue a tiempo. Es una zona muy campestre e insegura.

 

Otro ramal a mejorar porque no es recomendable ser pasajero, es el Sarmiento, su curso va de Moreno a Once, donde ya se hizo habitual las demoras de 30 minutos a 1 hora reloj, lo que implica estas terribles demoras en los servicios es que la gente trabajadora “viaje como vaca al matadero”; más los fuertes paros gremiales. 

 

¿Y los accidentes fatales? Como la tragedia de Once ocurrido el 22 de febrero del 2012 en donde murieron 52 personas, una de ellas, una mujer que estaba embarazada y 789 personas resultaron heridas.

El único ejemplo digno de admirar en Trenes por su frecuencia y su personal educado es el Ramal Urquiza, que recorre desde la Estación General Lemos hasta Federico Lacroze.

 

Si bien, los coches se han quedado en la historia, por mencionarlo de manera corriente, no han “invertido” en modernizarlos. Aún con mucho desfavorable a la vista, es lo mejorcito que tiene la provincia de Bs. As, República Argentina.

 

El asunto con Ferrocarriles y algunos medios de transportes públicos (no todos) pero sí se ve en el mundo ferroviario es que predomina la intención de tener otro impacto, Status pero no se llega.

 

¡Es impresionante verlo a diario! El descontento pasa porque los que dirigen las empresas de Trenes Argentinos no logran traer los recursos que el pueblo argentino merece. No invierten en el Estado, eso se ve en todas las plataformas.

 

Siempre habrá asuntos sociales como laborales para mejorar, el mero hecho de que la Línea Urquiza no se modernice, no tendría que ser ajeno ni lejano. Mucho más aún cuando se mencionó más arriba que es “la mejor línea ferroviaria”.

 

Por último, mis queridos lectores, entregarles con mucho respeto y afecto a Ana como portavoz de que en dos décadas no se ha hecho mucho en Argentina (por no decirles, nada) se sabe que la palabra tiene impacto y poder.

 

Así lo dice la marcha, canción del pionero de la educación y presidente, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1898). 

 

“Con la luz de tu ingenio iluminaste la razón en la noche de ignorancia por ver grande a tu patria tú luchaste con la espada , con la pluma y la palabra”.

 

Anabel fue pasajera, ahora es escritora para ustedes, quién sabe lo lejos que va llegar con una mirada tan precisa.

 

 

Rocio Olivarez

 

Administrativa contable y auxiliar administrativo. 

Amante de los ferrocarriles.

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